
Fotografía del edificio Fabricato tomada en 1952 por el fotógrafo Francisco Mejía. Archivo Fotográfico. Biblioteca Pública Piloto.
Para muchos no es desconocido el tan mencionado crimen que marcó una época en la historia de Medellín. Ya hace cerca de 44 años que sucedió el asesinato de Ana Agudelo y aún no parece ser claro el suceso, pues, quien fuera declarado culpable, después de haber pagado la condena, niega tener la responsabilidad del delito.
En la década de los sesenta, la ciudad fue marcada por una fuerte violencia, sin embargo, nada de lo que pasó llamó tanto la atención de los medellinenses como lo hizo este crimen. A eso se le puede sumar el reconocimiento y difusión que tenía en el medio la prensa sensacionalista de aquella época, Sucesos sensacionales, que circuló en el país desde la década del cincuenta hasta los años setenta.
El “Caso Posadita”, también conocido como el “Crimen del sótano”, se convirtió en un caso tan reconocido, casi, como el del Crimen del Aguacatal a finales del siglo XIX. La investigación duró hasta dos años después del crimen cuando fue sentenciado Posadita a 20 años de prisión, inicialmente en la Ladera y luego en la isla de Gorgona. Finalmente, sólo pagó 11 años de condena.
Para los que no conocen la historia, algunos datos de manera breve. En 1968, Ana Agudelo de 23 años, trabajaba como ascensorista en el edificio de Fabricato en la calle Boyacá con Junín, donde conoció a Abel Antonio Saldarriaga quien trabajaba como celador. Un día Ana debió regresar al edificio por sus uniformes, en el lugar, sólo se encontraba “Posadita”, según su hermana, la chica no volvió a salir del edificio y no la volvieron a ver nunca más. Días más tarde -se dice que once- se comenzó a sentir en el edificio un olor putrefacto que obligó a iniciar la búsqueda por parte de los bomberos y la policía. Fue así como hallaron a Ana, pero para asombro de muchos; este hallazgo demoró más de lo esperado, la ascensorista había sido picada por lo menos en cien pedazos y aún después de mucho buscar, no se encontraron algunos. Las partes del cuerpo fueron escondidas en diferentes lugares del edificio, inclusive en los techos aledaños se encontraron algunos restos, se dice no haber encontrado las partes genitales de la víctima.
Ante este hecho, se entiende porque se genero tanto sensacionalismo y día tras día la gente estuvo a la expectativa de cualquier nuevo hallazgo. Este asesinato es considerado como un crimen pasional, muchos contaron lo enamorado que se le veía a Posadita de su compañera, de igual manera, lo indiferente que ella era con él, pues, éste era un hombre casado y mayor y al parecer ella estaba enamorada y pensaba casarse con otro hombre.
Esta historia ha sido narrada por muchos, en 1979 se publica la novela Alias Posadita del escritor Mauro Álvarez, aquí ya se pasa a un grado de ficción y dice el escritor que aprovechó el título para escribir sobre un tema que originado del mal olor en una ciudad, sugirió las bellas formas literarias de vampirismo urbano. Don Upo, también escribió algunas columnas dedicadas a dicho crimen y en el libro de Francisco Velásquez Gallego “Don Upo. Vida y obra del periodista que con mejor picaresca trató los crímenes de Medellín y Antioquia a mediados del siglo XX” se puede leer la forma en que dio cubrimiento a este suceso. La periodista Luz Ofelia Jaramillo, quien en 1990 ganó el Premio Nacional de Periodismo C.P.B. por su trabajo “El caso Posadita: Un crimen contado dos veces”, cuenta una segunda versión de los hechos. Sumado a esto, está el director de cine Víctor Gaviria, quien hace algunos años, mencionó el interés y estar preparando un guión para llevar al cine esta historia la cual llamará “La muchacha del ascensor”.
En los últimos dos años, los periódicos locales, Centrópolis y Vivir en el Poblado, publicaron la noticia en donde se podía ver la fotografía y el video de Posadita con 78 años de edad, cerca de su lugar de residencia en un barrio en la zona nororiental de Medellín. También aparece la entrevista a Norela Agudelo, hermana de Ana Agudelo y con quien estaba el día en que entro al edificio y no la volvió a ver. Posadita, ya casi ciego, dice que se cometió una injusticia y se le culpó por un crimen que no cometió. Culpable o no, fue sentenciado y aunque para muchos once años de cárcel no son nada en comparación con lo que le sucedió a Ana, la vida se encarga de todo.
Video de la entrevista realizada a Posadita por el periódico Vivir en el Poblado
Cristina Silva Rodríguez














