De los perros de las guerras …

 El presente texto no hará referencia al libro de Frederick Forsyth, Los perros de la guerra (The dogs of war), publicado en 1974, el que narra cómo un  grupo de mercenarios son contratados por grandes poderes industriales para imponer un gobierno en un país africano. Texto sobre el cual se basó una película a principios de 1980 con el mismo título. No, éste artículo versara sobre este animal, el perro, a lo largo de la historia, hasta bien entrado la edad media, y su empleo por el hombre como arma de guerra; para rematar en una relación con el texto de Soledad Acosta de Samper “Perros de la Conquista”.

De la revisión del archivo personal de Daniel Mesa Bernal, que llegó a la Sala Antioquia de la Biblioteca Pública Piloto el año pasado, encontramos un artículo de prensa del suplemento Lecturas Dominicales, de El Tiempo, del 30 de diciembre de 1962, página 6, titulado “Los animales en la historia: El Perro. Los Mastines combatieron contra César” por Guilio Colombo, con versión de Pedro Cavallazzi Soriano.

Lecturas Dominicales, de El Tiempo, del 30 de diciembre de 1962, página 6, titulado “Los animales en la historia: El Perro. Los Mastines combatieron contra César” por Guilio Colombo

Lecturas Dominicales, de El Tiempo, del 30 de diciembre de 1962, página 6.

Lecturas Dominicales, de El Tiempo, del 30 de diciembre de 1962, página 6.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este artículo hace un recuento del empleo del perro en combates a lo largo de la historia. Al terminar de leerlo recordé el pequeño texto, leído hace tiempo “Perros de la conquista” de Soledad Acosta de Samper, artículo aparecido en su libro Biografía de hombres ilustres o notables, de 1883.

Pero antes un pequeño antecedente extraido de Konrad Lorenz [1], quien nos dice que en la transición del paleolítico al neolítico -entiendase mesolitico, 10000 a.C hasta 5000 a.C.-, el perro era ya un animal doméstico, el llamado perro de las turberas, procedente del chacal dorado (canis aureus)

“Cabe suponer que el hombre entonces, justo en el período  en que pasó a vivir en palafitos[•], tomara consigo algunos ejemplares del chacal particularmente mansos, todavía no domésticados por completo, pero, en cambio, excelentes cazadores y, como tales, de gran valor para él, y los convirtiera en animales domésticos en el verdadero sentido del término.” [2]

Desde entonce se da un proceso de relación mutua, hasta que el hombre entró en combate con sus similares y se dió cuenta de las ventajas de aquel noble animal.

EL PERRO. ARMA DE COMBATE

Para el combate el perro supero en varios aspectos a muchos otros animales, como el caballo o el elefante, pues “Infiltrándose en las líneas enemigas, ha sabido distinguir al adversario mejor que el caballo y el elefante; allí siembra el desorden y el pánico con la ferocidad guerrera de su aspecto, y es resistente a las heridas, en tanto que se hace más feroz con el dolor y se incita más y más con el olor de la sangre.” [3]

Nos dice Colombo que Aliatto, rey de Lidia en 618 a.C., figura entre los primeros que adiestraron canes para el combate, llegando a constituir batallones de dogos. Se desprende igualmente que Ciro los utilizó en sus diversas batallas. Otros reyes que actuaron igual fueron: Atila, el rey Huno en 451 a.C., quien se hacía acompañar por galgos que empleaba principalmente como centinelas, en vez de combatientes. Filipo II de Macedonia con ayuda de mastines pudo, en 359 a.C., desalojar a los tracios de los bosques donde no podían penetrar con caballos. Jerjes en su campaña contra Grecia en 480 a.C., empleo dogos, que fueron decisivos en el enfrentamiento o choque cuerpo a cuerpo “soltándolos solo a una distancia muy cercana para que no se dispersaran durante el ataque y manteniéndolos ocultos hasta lo último detrás de los escudos de dos filas de soldados.”  En 101 a.C., el cónsul romano Caio Mario casi pierde la batalla de Vercelli por una horda de mastines comandadas por mujeres. Cesar durante su desembarco en las costas británicas se vio obstaculizado por  cuadrillas de mastines adiestrados por los isleños.

Sobre los griegos refiere que “[…] amaestraron a los perros para el combate en formación bélica, con arte y disciplina, y los mastines decidieron por su propia fuerza el éxito de algunos combates inciertos.”

Más adelante dice “Los legionarios romanos, a su vez, maestros en el arte de la guerra, por norma prefirieron confiar más en su escudo y en el arte de manejar la espada en el combate cuerpo a cuerpo, dejando a sus perros el encargo de distraer y estorbar a los enemigos.”

PROTECCIÓN DEL PERRO

En principio el perro combatió  inerme, sin ninguna clase de defensa, solo con sus propias armas. Los asirios fueron los primeros en planear la manera de protegerlos durante el combate. En el 60 a.C., Estrabón[•] define “ ´giaco´ una especie de cota metálica para protección del tronco” que les ponían para tal fin. Posteriormente los galos

“construyeron autenticas corazas para sus gigantes auxiliares de combate, corazas ensambladas con lamina de metal unidas y dispuestas en tal forma que no impedían la agilidad de los movimientos, y junto con la coraza también un collar erizado de clavos afilados y hojas cortantes. En Medioevo los celtas renovaron este sistema de protección transformando a sus dogos en auténticos acorazados con collares puntiagudos. Adornando con líneas la armadura y, sobre todo, adaptando al collar una larga espada afilada, colocada hacia delante a modo de lanza, que resultaba mortal para los caballos.”

Esta característica se observa en posteriores periodos de la historia. En la guerra que libraron Carlos V de España y Francisco I de Francia, aquel empleo 800 sanguinarios San Uberto dispuestos por Enrique VIII “[…] fueron ellos los que, en la batalla de Valencia, protegidos con corazas de acero y amaestrados para luchar contra la caballería, desconcertaron a los franceses.”

Por otro lado es menester mencionar el reconocimiento de que fueron objeto estos animales, nuevamente se menciona a Aliatto quien fue probablemente “[…] el primero en instituir los cargos oficiales para la administración de las vituallas de la tropas caninas, con equipajes bien provistos y bueyes para carne en el sequito del ejercito.” En 480 a.C., en la batalla de Salamina, “[…] un perro se distinguió de tal manera que mereció ser sepultado en Atenas con públicos honores.” Igualmente “El dogo ´Hircanus´ del rey de Tracia, Lisímaco, muere combatiendo en defensa del amo en la batalla de Cyropedion, en el 326 a.C., y es públicamente rodeado de honores.” Más recientemente Napoleón “[…] organizador minucioso de sus tropas, no se olvidó de dotarlas de perros.” Y así se pueden mencionar varios ejemplos, hasta bien entrado el siglo XX.

OTRAS FUNCIONES

 No solo como combatientes se distinguieron los perros, también como  estafetas y porta-ordenes, “En este caso se hacía ingerir a los animales los pergaminos que debían llevar más allá de las líneas enemigas, los cuales eran recuperados por los destinatarios sacrificando al mensajero.”

Así mismo fueron empleados para dar caza a enemigos. La reina Isabel  dio cacería a irlandeses y enemigos del protestantismo con tropas de sabuesos. Durante el periodo de la conquista en América, los conquistadores se sirvieron de perros  para perseguir a los indígenas. “La acción de estos sabuesos, ya expertos en seguir a los esclavos, no fue bélica, sino que se redujo a una sangrienta persecución de fugitivos inermes. De entre estos perros se distinguió uno por su furor y crueldad, llamado ´Becerrillo´” Característica esta que se tratara más adelante.

Otro uso del perro en combate fue y es como auxiliar de salud “El pintor Jean Bungartz tuvo la idea, a principios del siglo pasado (XIX) de usar el olfato y el instinto naturales del perro en la búsqueda de heridos en el campo de batalla.”

RETOMANDO…

De lo anterior, especialmente cuando se mencionó al perro durante la conquista, retomo a Soledad Acosta de Samper en su texto referente para el siglo XIX Biografías de hombres ilustres ó notables. Relativas á la época del Descubrimiento, Conquista y Colonización de la parte de América denominada actualmente EEUU de Colombia, obra destinada al servicio de la instrucción pública, publicado en 1883, en Bogotá por la Imprenta de La Luz. (Clasificación en la Sala Antioquia 920.71. A185). En un artículo presentado al final del texto pregunta ¿Parecerá acaso inoficioso y tal vez hasta irrespetuoso para con nuestros antepasados, los conquistadores del suelo patrio, el mencionar al fin de esta obra los nombres de algunos perros que se hicieron famosos en la Conquista? Respondiéndose que la idea es la de instruir y en ello cabe tratar “aunque sea de paso, de algunos perros cuya cruel ferocidad tuvo mucha parte en la reducción de indígenas americanos.”[4]

 Los perros que existían aquí a la llegada de los españoles eran mudos y solo se empleaban como compañía y en las cacerías. Se pregunta la autora si los españoles empleaban perros durante sus guerras, creo que por lo expuesto arriba es de suponer que España durante su poderío en Europa hizo uso de tal elemento bélico, transportando ejemplares al nuevo mundo.

“Los perros de los conquistadores eran de raza de alanos, es decir, mestizos de dogo y mastín”. De los más conocidos fueron Becerrillo, ya mencionado arriba y Leoncico. Refiere así esta autora a Becerrillo

“[…] era enorme, salpicado de manchas negras sobre un fondo rojo, la nariz negra y los ojos rodeados de pelo negro. Era tan apreciado por su ferocidad que se le daba doble ración, y su amo recibía sueldo por los servicios de su perro. Era tan inteligente que distinguía los indios mansos de los alzados. […] Después de muchos años de servicios, Becerrillo murió de resultas de una flecha envenenada que le dispararon los Caribes en un combate, y que atravesó la colcha forrada en algodón que siempre le ponían sobre el cuerpo para evitar las flechas enemigas.”[5] 

De esto se desmiente lo anterior que solo fueron para caza, pues en la nueva tierra la persecución de indígenas de implícito por lo general incluía un combate.

 

Sobre Leoncico, famoso perro de Balboa, dice que fue hijo de Becerrillo, “[…] el cual recibía la paga de un oficial, y combatió al lado de su amo en todos los encuentros que tuvo con los Indios del Istmo de Panamá.”

También refiere para la región de Santa Marta a Amadís, cuyo dueño fue un tal Francisco Castro “[…] el cual hacía parte de todas las expediciones contra los desgraciados aborígenes. […] Cuando Gonzalo Jiménez de Quesada vino a la conquista del Imperio Chibcha, no trajo perros en la expedición; pero a la llegada de Federmann y de Belalcazar estas fieras participaban en todas las guerras contra los indígenas que después se rebelaron contra los españoles, y aquellos infelices tenían más horror á un alano cebado á matarles, que á un regimiento de arcabuceros.” [6]

Juan de Dios López Cano

Referencias

 [1] Lorenz, Konrad. Cuando el hombre enconro al perro. Ediciones Naciones, Circulo de Lectores Ltda. Bogotá. 1976.

[•] Viviendas construidas y apoyadas sobre pilares y estacas.

[2] Lorenz, Konrad, op cit, p 21.

[3] De aquí en adelante la información es sustraída de Colombo, Guilio “Los animales en la historia: El Perro. Los mastines combatieron contra César.” Lecturas Dominicales, El Tiempo, 30 de diciembre de 1962, p 6.

[•] Geografo e historiador griego, nacido en Amasia Ponto, en el periodo aproximado 64 a.C – 19 d.C.

[4] Acosta de Samper, Soledad. Biografías de hombres ilustres o notables. Imprenta de la Luz. Bogota. 1883. p 442.

[5] Ibid, p 443.

[6] Ibid, p 443-444.

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