El ladrón más auténtico que existió

 Teresa Naranjo Narváez

“El ladrón más auténtico que existió ” es el título de un artículo publicado en El Colombiano  por Jaime Jaramillo Panesso en agosto 20 de  1988,  citado por el autor del libro  “Deja que aspiren mis hijos”  Víctor Villa Mejía. En el artículo se hace una semblanza de un ladrón convertido en personaje importante dado que ser ladrón, era para  1930 un delito  más común frente a los homicidios y las lesiones que si se consideraban delitos graves ya  que conmovían a toda la parroquia. Un ladrón  especial  llamado Manuel Tamayo, nacido en Sopetrán y  apodado “Calzones”,   precisamente cuando la costumbre era para esa época, en los hombres,  usar calzones cortos hasta los 15 años. Aprendió desde muy joven el uso del machete y las 38 suertes de la puñaleta, tenía un fino sentido del humor, cantaba y silbaba permanentemente, era guapachoso ,  jugador y romántico, se convirtió en un famoso ladrón que repartía su botín entre los pobres por lo que gozo de la simpatía de la población, que lo protegían  y fantaseaban con las aventuras del “buen ladrón”, por ejemplo se decía que cuando la policía lo tenía acorralado, después de una fechoría se convertía en paloma o gavilán o que también se convertía en árbol y se camuflama entre ellos cuando ya estaban a punto de capturarlo.

En la segunda semana de agosto de 1938 “Calzones estuvo en Santa Fe de Antioquia, se disfrazó de piernipeludo (muchacho) se coló en un bazar de Acción Católica y luego entró a la Alcaldía donde solicitó al secretario un certificado de buena conducta que le fue expedido porque el nombre de Manuel Tamayo nada de malo tenía.  El mismo Dr. Juan Zuleta Ferrer le correspondió mediar para que “Calzones” se entregará, esta diligencia fue en vano porque el 24 de agosto de 1938 a las 7 : 30 de la mañana, cuando se dirigía de Morritos a Sopetrán dos agentes de la policía lo ultimaron con cargas de fusil.

Calzones viajó  al más allá con pasaporte de buena conducta en el bolsillo, claro está, este no fue hurtado sino logrado con  ingenio : primero hacerse pasar por un buen muchacho, luego simular ser un buen católico y luego presentarse a la autoridad como buen ciudadano.

Bibliografía

Villa Mejía, Víctor. Deja que aspiren mis hijos. Medellín: Oropel, 1989. pag. 54.

Mejía V., Marhino A. Sopetrán .Medellín.

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