Separata Diciembre. Boletín N° 9.

 En este mes de diciembre la separata de la Sala Antioquia está dedicada a las costumbres navideñas en la región. Con esta última entrega del año, el personal de la Sala Antioquia agradece a quienes han sido participes de las diferentes actividades realizadas en pos de los 25 años de la Sala. El próximo año continuaremos con estas entregas que han tenido una buena aceptación por parte de los usuarios. Les deseamos venturoso 2011.

Los globos de papel que se elevan en diciembre, no se acostumbraba elevarlos en esta fecha, el primer(1) globo que surcó el cielo medellinense lo hizo el 15 de agosto de 1799 a eso de las siete de la noche, en un solar de la casa-quinta de don Juan José Callejas en La Ladera, fue elevado por Francisco Fernández de una manera prodigiosa y por la dirección que tomó según los conocedores puede presumirse que hubiese caído en las vertientes del Cauca.

En la vida de Medellín(2) antiguo no existían las tarjetas de navidad, ni regalos, solo se usaba compartir los manjares y platos navideños. Los buñuelos(3) se hacían con maíz capio, variedad de maíz que trajeron los soldados que acompañaron a Córdova en el Alto Perú.

A comienzos del siglo XX(4) las abuelas ya licenciadas de sus labores de madres y maestras se dedicaban a elaborar figuras de trapo para el pesebre, entre las que desataban personajes de su entorno: campesinos, arrieros, mercados, serenateros; transformando un poco la escena bíblica del nacimiento. Los retazos que sobraban de los trajes de la familia eran utilizados para elaborar las figuras, las medias de seda dañadas servían para hacer la cara y los brazos y con los hilos estirados del nylon se formaba el cabello, con carbón de palo se pintaban los ojos y los picos de las aves, se seleccionaban las mejores plumas de las aves del corral, para elaborar los animales de la granja del pesebre las cuales se pegaban con almidón.

Los buñuelos de navidad según el libro de Elisa Hernández S. de 1923, se elaboraban con los siguientes ingredientes: huevos, onzas de azúcar, almidón de achira bien seco, media copita de aguardiente y se utilizaba una lata para asarlos. La natilla según este recetario se elabora de la siguiente manera: Se toman 4 puchas de maíz fino blanco, una de maíz ordinario, 15 puchas de leche, canela y panela para endulzar , el maíz se pone a cocer y se muele al día siguiente, luego se hecha en una totuma con huecos para colarlo varias veces.

En las haciendas “La Doctora” y “Fidelena” entre Envigado y Sabaneta, se realizaron las más tradicionales cenas de navidad a mediados del siglo XIX, cuando la familia de don Luis Villegas y doña Jesusita Botero, propietarios de un feudo llamado “La Doctora”, nombre dado a esta finca en razón a que por allí pasaba una quebrada que nacía o pasaba por las propiedades de una señora que tuvo muchos hijos y todos muy sabios y eruditos por lo que la madre fue llamada “La Doctora”. Luis Villegas tuvo 22 hijos producto de sus 2 matrimonios, los cuales se radicaron en diferentes departamentos de Colombia, pero se reunían para las navidades toda la familia, hasta reunir 200 personas, en uno de los ángulos del patio se veía el pesebre, con inmensa devoción se rezaba la novena, cuando se terminaba los chiquillos iban a dormir, los grandes podían hablar ya con libertad de los regalos del Niño Dios y hacer los preparativos en el más estricto secreto. A la muerte de los esposos Villegas, su yerno Fidel Cano en su finca “Fidelena”, congregaba a toda la familia y era su principal preocupación la “Nochebuena del pobre” ahorraba de sus ingresos una parte para dicha causa, y como lo dijo Carlos E. Restrepo “Los hijos Cano Villegas invitaban y servían un verdadero banquete a los pobres de la región” en su columna salía cada año un poema dedicado al espíritu cristiano que debía presidir la llegada el Niño Jesús. Don Fidel durante las novenas de navidad demostraba una profunda devoción, al punto que si alguien se disipaba, él hacia comenzar de nuevo hasta lograr la más ferviente devoción. Muestra esta crónica la defensa por la unión familiar, la solidaridad con los pobres y el fervor Cristino de la Navidad.


En Medellín existía dos bailes tradicionales: el de Pascua en el Club Unión y el de Año Nuevo en el Club Campestre, estos bailes eran esperados con gran entusiasmo, y se caracterizaban por la elegancia, donde se daba inicio a los noviazgos y amistades cordiales, antes los bailes se realizaban en las casas ya que eran suficientemente grandes, los jóvenes de la época no tenían preocupación y en especial las damas, de tener lista una pareja o compañía; se sabía que asistirían todas las amistades y todos bailarían entre sí, así que no existían los monopolios o grupos organizados; lamentablemente una que otra dama sufría el drama de caer en el dicho “comer pavo” ello significa quedarse sentada por falta de pareja mientras las otras bailan; para ello existía el simpático “Carnet de baile”, tarjeta coquetamente preparada por las damas cuyo fin era de inscribir a los admiradores que pretendían bailar con ella de esta manera se desterraba el fantasma del pavo que tanto apesadumbraba a las muchachas y a sus padres.

Según Sofía Ospina de Navarro en su libro la Abuela Cuenta, la Nochebuena era una fiesta familiar donde nunca al padre o a los hijos mayores, se les ocurrió abandonar su casa en esta fecha tan sagrada, así como la madre tampoco dejaba de preparar las ricas comidas navideñas, desde muy temprano en el fogón hervía la natilla con su aire de canela, mientras tanto los chicos armados de cucharas para raspar el pegado de la paila, formaban también el motón de helecho seco para chamuscar el cerdo y conseguían en el monte cercano a la casa el musgo para el pesebre; al ritmo de tiples destemplados de músicos campesinos, como se disfrutaba de la caza de cocuyos, del tute con trampa sobre las camas a la luz de una vela, del baño en la quebrada, de los saltos sobre la hoguera o candelada, de la búsqueda de los nidos de las gallinas.

Se lamenta la autora en su libro del cambio en las costumbres que para 1963 ya eran evidentes: el musgo se compra en el mercado, se contrata para la fiesta un conjunto completo que sepa de música caliente, los jóvenes se ven obligados a asistir a la fiesta sólo para complacer a los padres, no se permite levantar el pesebre en salones alfombrados o no se resiste las huellas de los zapatos empantanados sobre relucientes pisos de madera, las amplias cocinas de antaño con grandes poyos de ladrillo y sus piedras de moler son bien distintas a los blancos que hoy los reemplazan.

Con este contenido cerramos la serie de boletines conmemorativos a los 25 años de la Sala Antioquia. El próximo año continuaremos con más publicaciones.
LES DESEAMOS A TODOS UNA FELIZ
NAVIDAD Y PROSPERO AÑO NUEVO
2011.

 

(1) Upegui Benítez, Alberto. Guayaquil: una ciudad dentro de otra. Medellín. Ediciones Progreso : Carpel. 1957. P. 37
(2) Bernal Nicho/Ns, Alberto. Miscelánea sobre la historia los usos y las costumbres de Medellín. Medellín 1 ed: Universidad de Antioquia. Dirección Académica y de Extensión Cultural, 1980. P68.
(3) Ibídem
(4) “De la Historia del pesebre y de los pesebres de trapo”. En: Revista Credencial Historia. No. 12 Diciembre de 1990
o Pilón de maíz

Investigación y textos Documentos de la Sala Antioquia

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