Un viaje de Medellín a Bogotá. 8 diciembre de 1862 a 6 de enero de 1863.

Eduardo Villa Vélez. Un viaje de Medellín a Bogotá. 8 diciembre de 1862 a 6 de enero de 1863. Editorial L Vieco e Hijas Ltda. Medellín. 2004.

Clasificación: 918.61.V712u

Este texto recuperado de los archivos de Margarita Villa de Gómez Jaramillo, nieta del señor Eduardo Villa Vélez, por el investigador Gustavo Vives como se desprende de la presentación, es un bonito pretexto para volver a los diarios de viajeros que se hicieron tan recurrentes en el siglo XIX en América, valga sino recordar a Saffray, Gosselman, Ortíz, De Greiff, Boussingault, entre muchos que han retratado vivamente, en diferentes aspectos y periodos la Colombia del siglo XIX.

Muchas personalidades nacionales y regionales no fueron ajenos a esta tendencia, y de sus viajes al interior del país o al exterior han dejado plasmadas sus impresiones personales en diarios de viajes o en memorias de viajes; relatos que han servido y sirven aún al investigador y al curioso.

Eduardo Villa nació en la ciudad de Medellín en diciembre 3 de 1839, en el seno de la familia de don Vicente B. Villa y doña Felicia Vélez. Realizó sus estudios en Bogotá y Estados Unidos. En Medellín se dedicó  a los negocios mercantiles. Por la década de los setenta comenzó a incursionar en la literatura con muy buenos comentarios y resultados. En Bogotá ejerció como Tenedor de Libros del Ministerio de Relaciones Exteriores. Fue colaborador en periódicos y revistas culturales y literarias del departamento de Antioquia y del país, como El Heraldo, La Golondrina, El Trabajo con artículos sobre astronomía;  La Revista de Antioquia, La Sociedad, El Liceo Antioqueño, Antioquia Literaria, La Voz de Antioquia, El Repertorio Colombiano, La Revista Literaria,  entre muchas otros. Se casó con Paulina Díaz-Granado Piedrahita, con quien tuvo cinco hijos. Murió en Bogotá el 20 de junio de 1903.

Eduardo Villa Vélez: Un viaje de Medellín a Bogotá. Gustavo Vives Mejía. Escritos Desde La Sala, N° 13, junio 2004, p 23.

Eduardo Villa Vélez. Escritos Desde La Sala, N° 13, junio 2004, p 22.

Un viaje de Medellín a Bogotá, tiene como trasfondo los rezagos ocasionados por la guerra civil de 1859-1862, en la que el General Tomas Cipriano de Mosquera salió vencedor. Dándose como resultado la instauración del régimen liberal y la denominación del país como Estados Unidos de Colombia; uno de los mayores logros de esta revolución fue la Constitución de Rionegro, en 1863. Algunos acontecimientos de la guerra aparecen durante el trayecto, en conversaciones de Villa con personalidades. En el relato incursionan figuras como el doctor Manuel Uribe Ángel y su familia, entre otras.

El texto comienza el 8 de diciembre de 1862, tres meses después de que el general Marceliano Vélez optara por claudicar ante Mosquera entregándole pacíficamente el Estado. Cuando Villa salió de Medellín era Jefe Civil y Militar de Antioquia el doctor Antonio Mendoza, designado por Mosquera.

Se enrumbo por camino de Santa Elena, recorrio sitios como el Tambo, Rionegro, Peñol, Cucurucho, San Carlos, La Ciénaga, Canoas, Santo Domingo, cercanías de Cocorná, El Nare, de éste describe el pueblo y su gente, allí enferma y es cuando deja de escribir. Posteriormente cruza el río en vapor, llega a Honda también de allí describe y habla de los festejos que se celebraban en el momento (Nochebuena), el comercio, personas, etc., de allí rumbo a Bogotá, pasan por rio seco, Guaduas Cundinamarca, Villeta, Facatativa, Bogotá.

Un aspecto relevante, que a mi parecer distorsiona algo la idea original del texto, pero que por ello no deja de restarle merito,  y es que cuando su autor enferma en Nare el 21 de diciembre de 1862 deja de escribir, retoma la escritura de su diario, si se le puede llamar ya así, dos meses después de haber llegado a Bogotá. Así lo explica el autor cuando retoma el hilo temporal:

“Lunes 22
[Bogotá, marzo de 1863]
Suspendo repentinamente estos apuntes que hacía diariamente en mi cartera, y que todo el viaje me han servido para disipar el aburrimiento engendrado por la falta de trabajo, porque la enfermedad que adquirí en Nare me acompañó desgraciadamente en todo el resto del camino y me hizo mirar con aversión la cartera y el lápiz.
Pero hoy que después de haber olvidado enteramente los pequeños incidentes de mi viaje, se me ha ocurrido leer de nuevo estas líneas escritas ordinariamente a toda prisa, sin aliño ni hilación alguna, como que deben servir sólo para traer más tarde a mi memoria los recuerdos de esta época; hoy, digo, se me ha antojado continuar el apuntamiento de mis jornadas como si estuviera todavía en Nare, como si ninguna interrupción hubiera sufrido mi viaje por causa de mi enfermedad.
Conservo fresco el recuerdo de todo lo acaecido día por día, hora por hora. Volvamos pues a ese pasado en que probé ratos tan amargos y traslademos al papel mis impresiones de entonces, como si estuviera aún quemado por la fiebre, buscando frescura en la sombra de las palmas del Magdalena y pisando aún la abrasadora arena de las playas y volvamos al pasado.” (1)

Situación que le resta algo de emotividad al relato que se venía trayendo, pues el solo hecho de ser descripciones posteriores, cuando las primeras impresiones han sido afectadas, infectadas, intervenidas por el tiempo; el autor ha tenido espacio para olvidar algunos detalles “Pero hoy que después de haber olvidado enteramente los pequeños incidentes de mi viaje “, y en caso tal modificar la primera impresión, la primera idea que hubiera podido tener en el calor del recorrido cuando probablemente en un descanso del día o en la noche de la misma jornada se dedicara a escribir esas ideas o impresiones del trayecto. El hecho de escribir sus recuerdos en la comodidad del hogar, de la ciudad, trastoca lo que se pudo haber escrito en las dificultades del camino. Creo dejaría de ser un diario de viaje a ser algo así como unas memorias de viaje. Igual como dije no le resta del todo interés, pues se puede descubrir la región de la época ya que el lenguaje y el trato del discurso no variaron, pero queda la sensación de  la falta de emoción del momento.

Más sin embargo es valedero rescatar la aseveración del investigador Gustavo Vives cuando escribe:

“Han pasado un poco más de 140 años de todos los acontecimientos, y hoy este relato es una novedad. A pesar de su interés, no se sabe por qué su autor nunca lo publicó en vida, cuando fue un asiduo colaborador de las revistas y diarios de su época. Gracias a la editorial L Vieco e hijas, es posible conocer otra visión del país en el siglo XIX, con un libro que enriquece la bibliografía de viajes por Colombia.”(2)

Y este texto posibilita lo dicho, engrosar la bibliografía sobre viajeros en el departamento, brindar puntos de vista diferentes de la geografía natural y social de Antioquia, que es tan necesaria.

Juan de Dios López Cano

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Referencias

(1) Eduardo Villa Vélez. Un viaje de Medellín a Bogotá. 8 de diciembre de 1862 a 6 de enero de 1863. L. Vieco e Hijas. Medellín. 2004. P 52-53

(2) “Eduardo Villa Vélez: Un viaje de Medellín a Bogotá”. Gustavo Vives Mejía. Escritos Desde La Sala, N° 13, junio 2004, p 23.

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