Antología colombiana

Teresa Naranjo Narváez

Libro editado en París1895 por la Imprenta de la Vda de CH. Bouret, editorial que publió varias colecciones sobre novela, historia, poesía. El autor de este libro Emiliano Isaza Gutiérrez Nació en Sonsón en 1850 y murió en Bogotá en 1830. Con gran sentido nacionalista, perfeccionista con el idioma , acudió a Caro y a Cuervo para sembrar su gramática de pureza y elegancia, sus obras hablan de cómo sintió el lenguaje y cuánto quiso enriquecerlo. Sobrino del poeta Gregorio Gutiérrez González, a quien en este libro resalta el poema Á Julia; poema dedicado a su esposa, la cual es calificada como mujer noble y santa, al pie de un retrato suyo que el poeta regaló a Julia escribó este cuarteto, expresión fiel de sus dedicados sentimientos :

Son nuestras almas místico ruido

De dos flautas lejanas, cuyo son

En dulcísimo acorde llega unido

De la noche callada entre el rumor.

Estudio jurisprudencia y ciencias políticas en la Universidad de Antioquia, institución de la cual fue profesor en 1.875.

Desde 1.876 se estableció en Bogotá, donde se dedicó a la enseñanza en diversas instituciones.

También ocupó importantes cargos públicos: fue secretario de la Legación de Colombia en Roma, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario del Ecuador y ministro de Instrucción Pública durante el gobierno de Rafael Reyes. Fue miembro de la Real Academia de la lengua, de la Academia Colombiana de la Lengua y de la Academia Colombiana de Historia.

Algunas publicaciones son: Gramática práctica de la lengua castellana, Diccionario de apellidos y de nombres propios de personas, Diccionario de conjugación castellana, Diccionario de la lengua castellana y Antología Colombiana.

El libro tiene notas explicativas al pie de página, especialmente en las composiciones jocosas. 

Algunos de los  poetas,  a los  que el libro hace homenaje en esta antología es a Epifanio Mejía, Agripina Montes del Valle, Ricardo Carrasquilla, Jorge Isaac, Enrique W. Fernández, Rafael Tamayo.

OBRA POETICA DE AGRIPINA MONTES DEL VALLE

La obra poetica de Agripina Montes del Valle, nacida en Salamina Caldas en 1844 y muerta en Anolaima Cundinamarca en 1915. Hija de Francisco Montes y Dolores Salazar Atehortua. Participó en el círculo literario El Oasis de Medellín entre 1868-1869.

Seudónimos “Azucena del Valle” ” Porcia”

Obras : Al tequendama, Canto al trabajo 1881, A la América del Sur, El último pijao.

 AL TEQUENDAMA

A MI NOBILÍSIMO AMIGO EL DOCTOR CARMELO ARANGO M.

Tequendama grandioso:

Deslumbrada ante el séquito asombroso

De tu prismal riquísimo atavío,

La atropellada fuga persiguiendo

De tu flotante mole en el vacío,

El alma presa de febril mareo

En tus orillas trémula paseo.

Raudas apocalípticas visiones

De un antiguo soñar al estro vuelven,

Resurgen del olvido sus embriones

Y en tus iris sus formas desenvuelven

¡Y quién no soñará, de tu caída

Al formidable estruendo,

Que mira á Dios crear omnipotente,

Entrevisto al fulgor de tu arco horrendo…!

¡ A morir !…AI abismo te provoca

Algo á la mente del mortal extraño;

Y del estribo de la ingente roca

Tajada en babilónico peldaño,

Sobrecogido de infernal locura,

Perseguido dragón de la llanura,

Cabalgas iracundo

Con tu rugido estremeciendo el mundo.

¿ Qué buscas en lo ignoto?

¿ Cómo, á dónde, por quién vas empujado ?…

Envuelto en los profusos torbellinos

De la hervidora tromba de tu espuma

E irisado en fantástico espejismo,

Con frenesí de ciego terremoto

Entre tu aérea clámide de bruma

Te lanzas despeñado

Gigante volador sobre el abismo.

Se irgue á tu paso murallón inmoble

Cual vigilante esfinge del Leteo,

Mas de tu ritmo bárbaro al redoble

Vacila con medroso bamboleo.

Y en tanto al pie del pavoroso salto,

Que desgarra sus senos al basalto,

Con tórrida opulencia

En el sonriente y pintoresco valle

Abren las palmas florecida calle.

Por verte allí pasar, la platanera

Sus abanicos de esmeralda agita,

La onduladora elástica palmera

Riega su gargantilla de corales,

Y al rumor del titán cosmopolita,

Con sus galas y aromas estivales,

La indiana piña de la ardiente vega,

Adorada del sol, de ámbar y de oro,

Sus amarillos búcaros despliega.

Sus ánforas de jugo nectarino

Te ofrece hospitalaria

La guanábana en traje campesino,

A la par que su rica vainillera

El tamarindo tropical desgrana

Y la silvestre higuera

Reviste al alba su lujosa grana.

Bate del aura al caprichoso giro

Sus granadillas de oro mejicano

Con su plumaje de ópalo y zafiro

La pasionaria en el palmar del llano;

Y el cámbulo deshoja reverente

Sus cálices de fuego en tu corriente…

Miro á lo alto. En la sien de la montaña

Su penacho imperial gozosa baña

La noble águila fiera

Y espejándose en tu arco de topacio

Que adereza la luz de cien colores,

Se eleva majestuosa en el espacio

Llevándose un girón de tus vapores.

Y las mil ignoradas resonancias

Del antro y la floresta

Y místicas estancias

Do urden alados silfos blanda orquesta,

Como final tributo de reposo

¡Oh Emulo del Destino!

Ofrece á tu suicidio de coloso

La tierra engalanada en tu camino.

Mas i ah! que tu hermosura,

Desquiciada sublime catarata,

El insondable abismo desbarata,

La inmensidad se lleva,

Sin que mi osado espíritu se atreva

A perseguirte en la fragosa hondura.

Átomo por tus ondas arrastrado,

Por retocar mis desteñidos sueños

Y reponer mi espíritu cansado

En tu excelsa visión de poesía,

He venido en penosa romería;

No á investigar la huella de los años

De tu drama en la página perdida,

Hoy que la fe de la ilusión ya es ida

Y abatido y helado el pensamiento

Con el adiós postrer de la esperanza

En tu horrible vorágine se lanza

Desplomado al más hondo desaliento.

En vano ya tras el cristal enfriado

De la vieja retina

El arpa moribunda se alucina,

Y en el triste derrumbe del pasado,

Cual soñador minero,

Se vuelve hacia el filón abandonado

De nuevo á rebuscar algún venero.

Adiós! adiós! Ya á reflejar no alcanza

Del alma la centella fugitiva

Ni tu ideal fastuosa perspectiva

Ni el prodigioso ritmo de tu danza;

Y así como se pierden á lo lejos,

Blancos al alba, y al morir bermejos,

En nívea blonda de la errante nube

O en chal de la colina

Los primorosos impalpables velos

De tu sutil neblina,

Va en tus ondas mi cántico arrollado

Bajo tu insigne mole confundido,

E, inermes ante el hado,

Canto y cantor sepultará el olvido.

Fundó en Manizales el colegio de niñas de la Concepción, en 1878 dictaba clases en varias casas y establecimientos particulares, viuda en 1886 parte para Santa Marta y es nombrada Directora de la Escuela Normal del Magdalena.

En Chile obtuvo una medalla en 1872 con la poesía “A la América del Sur”. En 1883 publicó en Bogotá su primer tomo de poesías cuya introducción fue elaborada por Rafael Pombo cuyo texto es el siguiente :

“Señálase la señora Montes del Valle por cierta caprichosa independencia en cuanto á combinaciones métricas, sin perjuicio de ajustarse, cuando quiere, á las formas clásicas más rigorosas; pero la admiramos mucho más por la constante idealidad y colorido poético de su estilo, particularmente en el romance octosílabo; por la fusión espontánea y perfecta del sentimiento y la forma en lo personal y propio; por su riqueza de dicción y á veces audaz energía de frase, y por la novedad y delicadeza de sus imágenes, condiciones primeras del verdadero poeta, de nacimiento y no de laborioso propósito. Rara composición de su inspirada pluma deja de contener algún rasgo memorable. “Pero donde ha venido á culminar y ostentarse en todo su esplendor el genio de la poetisa antioqueña es en su oda Al Tequendama, que no dudamos arrancará un grito unánime de admiración. Aquí el ideal pincel creador lucha en opulencia y fuerza prestigiosa con la maravilla natural, y lucha reverente con el maestra Bello en la miniatura de nuestra zona; y ni por la una ni por el otro aparece Vencido. Tan sorprendente novedad en tema tan trabajado; tanto pensamiento vertido en perlas de fantasía y lenguaje; tanta imagen titánica asociada con la viveza y delicadeza femeninas más exquisitas; lo sencillo y natural del plan; la observación simpática y apasionada, que fija el rasgo comunicando su efecto; el arrebato y reposos del verso, sin un tropiezo de afectación ó artificio; la amenidad del cuadro con sus transiciones y contrastes; la verdad y la música patética y profunda del sentimiento: todo aquí, en fin, creemos que manda elevar esta oda á la primera fila de la lírica castellana, y que sus predecesores en esta y otras cataratas serán los primeros en discernir la corona triunfal á la sublime MUSA DEL TEQUENDAMA.”

JORGE ISAACS

Nació en el Cauca 1837 y murió en Ibagué 1895, aunque es conocido por su obra María, también escribió poesía, algunas de ellas son : Río Moro y La tierra de Córdoba

 

RIO MORO  

Tu incesante rumor vine escuchando
Desde la cumbre de lejana sierra;
Los ecos de los montes repetían
Tu trueno en sus recónditas cavernas.
Juzgué por ellos tu raudal, fingíme
Tras vaporoso velo tu belleza,
Y ya sobre tu espuma suspendido,
Gozo en ahogar mi voz en tu bramido.
¡Qué mísera ficción! Quizá en mis sueños
He recorrido tus hermosas playas,
En esas horas en que el cuerpo muere
Y adora á Dios en su creación el alma;
Que sólo dejan en la mente débil
Pálidas tintas y memorias vagas
Pero te encuentro grande y majestuoso,
Rey ponderado del desierto hermoso.
Bajo el techo de musgos y de pancas,
Abrigo del viajero solitario,
El rudo y fatigoso movimiento
De tus ondas veloces contemplando,
Del fondo de las selvas me traían
Las auras tus perfumes ignorados,
Mezcla del azahar y del canelo,
Gratos aromas de mi patrio suelo.
Entonces una lágrima rebelde
Humedeció mi pálida mejilla,
Dulce como esas que á los ojos piden
Caros recuerdos de felices días
Elocuente, si hay lágrimas que encierren
La historia dolorosa de una vida;
Aquí llevóla indiferente el río,
Murió como las gotas de rocío.
Eres hermoso en tu furor: del monte
Lanzado en tu carrera tortuosa,
Vas sacudiendo la melena cana
Que los peñascos de granito azota;
Y detenido, de coraje tiemblas,
Columpiando al pasar la selva añosa.
Las nieblas del abismo son tu aliento
Que en leyes copos despedaza el viento.
¿ De dó vienes así desconocido
Con tu lujo y misterios? ¿ Gente indiana
Hacia el Oriente tus orillas puebla
En verdes bosques y llanuras vastas,
Cuyo límite azul borran las nubes
Que en el confín del horizonte vagan?
Dime, ¿ esas tribus que do naces moran,
Viven felices ó miseria lloran?
Pienso que á orillas del raudal velado
Por grupos de jazmines y palmeras,
Púdica virgen de esmeraldas ciñe
Su negra y abundante cabellera;
Y acaso el homicidio sangre humana
A los cristales de tus linfas mezcla,
Y al odio y al amor indiferente
Confunde sus despojos tu corriente.
Vi al pescador de los lejanos valles
Tus peñas escalando silencioso,
La guarida buscando de la nutria
Y el pez luciente con escamas de oro
Contóme hazañas de su vida errante
Sentado de mi hoguera sobre el tronco;
Le vi dormir el sueño de la cuna,
Y envidié su inocencia y su fortuna.
La fúnebre viragua repetía
Sus trinos que saludan al invierno,
Y luces de topacio y de diamante
Te daba del relámpago el reflejo;
En las cavernas tu rumor ahogando
Tristes gemidos modulaba el viento
Así admiré tu pompa y hermosura
Entre las sombras de la noche oscura.
Viajero de regiones ignoradas,
Ay! ni una sola de tus ondas crespas
A encontrar volveré, ni de mis pasos
En tus orillas durará la huella.
Más celosa que el tiempo que convierte
Ricas ciudades en llanuras yermas,
Guarda natura su secreto al hombre
Y do escribirle osó, borra su nombre.
Como burbujas en tu manto llevas,
Irán los soles sobre ti pasando,
Y te hallarán los de futuros siglos
Como hoy- undoso, trasparente y raudo.
No existirá ni la ceniza entonces
De mí, que rey de la creación me llamo,
Y si guarda mi nombre el mármol frío,
Lo hollará con desdén el hombre impío.
Más felices las flores de tu orilla,
Nacen, al aire su perfume exhalan,
Marchitas ya, se mecen en la espuma,
Y mil, más bellas, sus capullos rasgan
Más felices tus ondas, al Oceano
Van á gemir en extranjeras playas;
Y yo con mi ambición pobre y proscrito,
De mi raza…infeliz purgo el delito.

La poesía de autores clásicos colombianos ha sobrevivido a las nuevas propuestas de poesía rosa y joven de hoy, en sus páginas este libro alberga los más bellos poemas sobre temas sublimes,  como aquella  joven madre que de secas pajas fabricó su nido y en su agonía de muerte  abrió sus alas y cubrió a sus hijos, o como aquellas mujeres educadoras y poetas, que como Agripina Montes del Valle,  quien en su oda Al Tequendama empleo una estampa escrita para mostrarnos el abismo en contraste con el sonriente y pintoresco valle.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: