El Peñol. Crónica de un despojo.

El Peñol. Crónica de un despojo. Aura López. Medellín. Lealón. 2011.

Clasificación: 986.1267 L864p

La memoria, bien empleada, es una buena herramienta para trabajar la historia. 

Una buena narración, amena, ligera, fácil de digerir, que se exprese clara y concisamente llega fácilmente a todo público.

Estas características se unen en el presente texto. Aura López nos brinda una versión, una desgarradora versión, del sufrimiento de un pueblo, manifestado a través de algunos de sus habitantes, tras la desaparición por inundación provocada de la cabecera de El Peñol en 1978, -para crear la Central Hidroeléctrica del Nare- y su reubicación después de incontables problemas y perjuicios. Se aprecia la desesperanza, rabia e impotencia, que tras la resignación se vuelve una fuerza motora de superación  e intentos de reclamar lo propio. La lucha de los pobladores por el reconocimiento de sus derechos tras las arbitrariedades y falta de cumplimiento de Empresas Públicas de Medellín.

El texto escrito en forma de diario, -Septiembre 1975, mayo de 1976, junio y julio de 1977, enero a noviembre de 1978 y enero a marzo de 1979- aborda visitas esporádicas y continuas  de la autora junto al periodista Alberto Aguirre, en las que son testigos de los últimos días del viejo Peñol y primeros del nuevo Peñol, y en las que se consignan las apreciaciones de sus propios habitantes, las sensaciones e interpretaciones que la autora percibe en los gestos y palabras de estos, descritos de una manera sencilla, hermosa y clara.

Cuando uno se hace una idea del contenido del texto de pronto se pregunta por la falta de imágenes para volver la narración más rica y entretenida; entrando en su lectura se comprende que esta falta no es tan grave o necesaria, pues la narración, la descripción de lugares, eventos y emociones son hechos de una manera tan rica y atrayente que transportan al lector, hace que crea que esta viendo una imagen, una fotografía y no leyendo.

Diversas emociones –desesperanza, rabia, impotencia, pequeñas alegrías, etc.,- son las que giran y casi se convierten en centro del libro, junto con una clara característica de denuncia; pero se pueden apreciar algunos otros tópicos relevantes que le dan un soporte a esta última característica del libro.

El papel importante cumplido por los párrocos y la parroquia del Peñol en la búsqueda de soluciones a los problemas que se presentaron. Unido a esto la significación de la iglesia para la comunidad, en especial del frontis, como una representación de la resistencia del pueblo.

Lo relacionado con la disposición urbanística y arquitectónica del nuevo pueblo, del nuevo Peñol. Esta dejó mucho que desear al romper parámetros de una configuración física de un pueblo tradicional (Plaza, iglesia, entidades administrativas en un centro y de allí se dividen las diferentes vivienda cuadras y manzanas).

Problemas para que Empresas Públicas de Medellín reconociera y cumpliera sus obligaciones, todo fue a la ligera, con atropello, contra la voluntad del pueblerino. En especial la relación con las veredas o zonas rurales del municipio. Un considerable descuido:  las veredas damnificadas, quedaron distantes de la cabecera, sin carreteras (embotellamiento); el transporte, cuando la había era pésimo; las escuelas fueron un lunar en la mayoría de estas, no se construyeron ni acondicionaron a tiempo ni debidamente, perjudicando el desarrollo escolar de los niños; la salud se perjudicó considerablemente, entre diversos factores el más representativo fue la falta de agua potable (muchas veces tenían que consumir la de la represa con sus respectivos problemas); la indemnización de parcelas a campesinos de veredas se veía dificultado, no a todos se les reconocía lo que correspondía debidamente.

Al final, después de la resignación y por encima de las expectativas de funcionarios, la alegría, la consolidación de un pueblo hecho con el calor de las personas por sobre la estructura física.

Por el texto desfilan muchos personajes desde el turista que pasa indiferente, risueño y burlón por entre el pueblo en ruinas; el intermediario usurero que se aprovecha del campesino ignorante de su propia ganancia; el administrador  brusco, dicharachero y atropellador; el alcalde indolente y complaciente; funcionarios de EPM insolentes, engreídos; representantes gubernamentales indolentes y estáticos; campesinos y pueblerinos indignados y resignados; personajes del pueblo contratadas para derrumbar el pueblo; sacerdotes que luchan por el bienestar de la comunidad; fuerza publica ejerciendo su “deber”; estudiosos de la sociedad sin presencia; investigadores, escritores preocupados por el pueblo y lo que significa toda una tradición arrasada.

El libro deja la sensación de un pueblo muy solo, abandonado por quienes debían propender por su bienestar en esos momentos. Ninguna entidad gubernamental los apoyó (alcaldía, gobernación, gobierno nacional), pues prácticamente el negocio fue EPM-Gobierno nacional, pasando aquella entidad por encima de organismo gubernamentales y cumpliendo sus funciones en detrimento de la población.

El acto de presentación del libro fue realizado en el Centro de Desarrollo Cultural y Comunitario del Peñol el 5 de agosto del año pasado de 2011. Allí la autora hizo un recuento de sus vivencias con sus viejos amigos de aquel entonces.

Para finalizar un aspecto a resaltar que se puede considerar como un hilo conductor o una excusa para adentrarse en las personas del pueblo, son las fotografías. En muchos pasajes, sino en todos, el tomar fotografías, guardar un registro, el entregar fotos a quienes fueron fotografiados es un motivo de la autora para recordar y conversar con las personas, igualmente para guardar la memoria de lo que pronto se iba a ir.

Juan de Dios López Cano

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