Crónicas de la morgue

Crónicas de la morgue

Crónicas de la morgue escrita por Germán Antía tanatólogo de la Federación internacional de Asociaciones Tanatológicas, profesor, investigador, coautor de otras obras; es una serie de vivencias académicas de lo acontecido en las morgues universitarias y de experiencias adquiridas, entre otros con los funerarios, disectores y demás personas relacionadas con el mundo funerario y forense del país. Este libro describe experiencias en zonas de grandes desastres donde el dolor y la tragedia humana parecieran ensañarse.

Hace un recorrido histórico por las costumbres y tradiciones fúnebres en diversas épocas de la historia de Antioquia y las contrasta con las actuales. Se mencionan las principales obras musicales que se interpretan en los sepelios, los registros fotográficos, históricos y las tradiciones religiosas. Así mismo, se describe la etimología de algunas palabras de uso frecuente en el mundo fúnebre.

Narra las prácticas crueles que los narcotraficantes introdujeron en sus rituales fúnebres y, también, indica las demás excentricidades que dichos criminales realizaban durante las velaciones y cortejos.

 Menciona y orienta al no experto, sobre aspectos generales de los procesos de la exhumación de cadáveres humanos.

Algunos apartes de los diferentes capítulos:

Antes que la Villa de la Candelaria tuviera cementerio, era costumbre enterrar los cuerpos a la entrada de los templos. Todavía puede observarse aquí en los primeros templos católicos las criptas y tumbas de los antiguos moradores.

Mausoleo fue el túmulo que la reina Artemisa levantó a su esposo Mausolo, rey de Caria en el Halicarnaso hoy Turquía y fue una de las siete maravillas del mundo antiguo.

El lugar del cementerio donde se depositaban los restos humanos de los no creyentes o marginados de la religión y la sociedad, era un apartado rincón llamado el muladar o muradal, una palabra del idioma de Castilla, ya entrada en desuso y que significa: el lugar de la casa donde se deposita el estiércol o basura. Otra acepción de esta palabra castellana es: lo que ensucia o inficiona material o moralmente. En ese lugar se sepultaban en los cementerios católicos los cuerpos de los suicidas, los masones, los ateos y las prostitutas por considerarse que no eran dignos de inhumarse con los demás mortales. Al muladar era vedado el acceso o visita a los creyentes.

Hasta 1806 los cadáveres se enterraban en los atrios de las iglesias, lo que conllevó a agravar los problemas de salud pública tropical que azotaban la Villa.

En 1809 se construye un cementerio en el sector llamado San Benito. Por razones sanitarias se tuvo que construir otro cementerio alejado de la Villa. En 1828 se construye el cementerio San Lorenzo cerca de la Asomadera conocido hoy como calle Niquitao. Solo hasta 1982 se introdujo la cremación de cadáveres  en la ciudad.

En la época del narcotráfico hubo un cambio significativo en los ritos fúnebres (disparos en el cementerio). La policía debía custodiar los velorios por la amenaza de rematar el muerto cuando se estaba velando; las riñas, gritos y desmayos eran frecuentes en los entierros, además el sacar el cuerpo del féretro como en la historia de Rosario Tijeras.

Algunas palabras relacionadas con la muerte en el lenguaje popular son: “muñeco”, “chupar gladiolo”, “piyama de madera”, “plomonía”, “marcar calavera”, “chulo”, entre otras.

Con los avances científicos y tecnológicos es posible preservar por más tiempo el cadáver, se puede embellecer eliminando las heridas con geles y ceras, de esta manera se entrega a la familia con un mejor aspecto el cuerpo de su ser querido.

La primera causa de mortalidad en Medellín son los homicidios con arma de fuego. Cerca del 90% de los homicidios son ocasionados con proyectil (plomonía). Los forenses recuperan anualmente alrededor de 2.765.000 gramos de plomo.

En la época del narcotráfico, se cometieron algunas torturas a las víctimas como: enterrar un clavo en el cráneo, taponar orificios nasales y boca con un paño impregnado de ácido sulfúrico, una inyección letal de cianuro, entre otras. El cementerio municipal tiene extensas hileras de fosas que albergan NNs. Se encuentran alrededor de once mil restos óseos sin reclamar.

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2 comentarios »

  1. laura lopez said

    mmmm ta bna pero alo ultimo faltoo mmm q mal

    • CriSilva said

      Hola Laura

      Solo se compartió una pequeña reseña porque la idea es que te animes a consultar el libro y leerlo.

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