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De hechicerías, supersticiones y oraciones o de un aspecto de tradición en el nordeste antioqueño a principios del siglo XX.

Supersticiones y maleficios. Estudio y colección de algunos que se practican –en Antioquia-. Aspecto moral. Jesús M Urrea. Vic Gral de Santa Rosa de Osos. Tip San Antonio. Medellín. 1945.

Clasificación: 398.0986162.U81s

Para que los perros no lo muerdan, cuando los vea diga: Hak Pak “y esperad serenamente que los perros ante el encantamiento no os harán nada.”

Para el juego tome una anguila muerta por falta de agua y la piel de un toro muerto por ataque de perros, coloque la hiel en la piel de la anguila con un adarme de sangre de buitre; ate los dos cabos de dicha piel con un pedazo de soga de ahorcado y póngalo a secar todo en un horno calentado con helecho cogido en la víspera de San Juan. Después con esto forme un brazalete en el cual escribirá con su propia sangre, sirviéndose para ello de una pluma de cuervo las siguientes letras H.U.T.Y en el brazo izquierdo.

O si quiere hacerse amar de las mujeres debe llevar encima y de manera que le toque la piel del pecho izquierdo una bolsita de seda verde que contenga el corazón de una paloma y los ojos de un gato, todo puesto a secar y reducido a polvo; hay que advertir que este filtro debe ser preparado un viernes de primavera o en solsticio de verano.

Estas y más “recetas” y varias oraciones se pueden encontrar en este curioso texto, publicado en 1945 por el presbítero Jesús M Urrea, Vicario General de Santa Rosa de Osos, en él se estudian las tradiciones folclóricas de la región del nordeste de Antioquia, especialmente de Zaragoza y Remedios y otras diversas zonas mineras, enfocadas al aspecto de la brujería y hechicería.

Presenta una recopilación y recuperación de oraciones y conjuros, muchas rescatadas de la tradición oral.  Así lo manifiesta su autor desde el principio: “La penetración de la civilización en los más remotos rincones de esta Diócesis, llevada por los barcos, los autocarros y los aviones, y por las voces de la prensa y de la radio, ha despertado en mí el deseo de recoger cuanto antes, no sea que se pierdan, sin dejar huella en los libros, todas esas tradiciones, leyendas, conjuros, supersticiones, de aquellas tierras que hasta hace poco fueron llamadas por antonomasia, Los Montes, […] En aquellos pueblos remotos, centros a donde acuden los colonos del interior de la montaña, no es difícil encontrar un cúmulo de creencias y prácticas raras, que despiertan la curiosidad de los amantes de la demología, de la sociología y de la teología.”

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